Cuando la adversidad casi gana al nadador

EduardoEstos días atrás – e incluso hoy -, cuando medio mundo anda en el agua persiguiendo sus objetivos, uno piensa en la cantidad de veces que los deportistas dan un paso más cuando sus pies ya no pueden apoyar ni el suelo. O cuando dan una brazada más cuando sus brazos están en el punto más alto del agotamiento. Cuando observas esto te das cuenta que el progreso es algo parecido a la suerte: parte depende de ti; parte depende de las circunstancias; parte de la propia suerte que tengas; y otra parte, para los más creyentes, en lo que la vida te tenga deparado: lo que conocemos como destino.
Y me quiero centrar en el primer grado del progreso: el que depende de ti. Estos días he aprendido que cuando uno más quiere, más puede dar de sí mismo. Y precisamente en ese momento es cuando las circunstancias, la suerte y el destino quedan en un segundo plano. Y el ejemplo más claro: Eduardo Solaeche. Es “jodido” preparar unos campeonatos en lo periodístico y que tu estrella nacional del deporte lo primero que te diga no es una gran marca, sino “vengo del hospital”. Ahí comprendes cómo las circunstancias se ceban con el deportista que ha trabajado horas y horas, lejos de casa, alejado de su gente de siempre. Te preguntas incluso reiteradas veces el porqué de las cosas. ¿Por qué esto y en este momento? ¿Por qué no dolió una semana antes, cuando estaba en el sofá de casa, en vez de ahora en la cama del hotel a unas horas de tirarse al agua? Cuestiones dolorosas de preguntarse; respuestas difíciles de asimilar.

Y es ahí, en ese punto de inflexión, cuando en la mente se acciona algo a lo que tu cuerpo no tiene acceso. Esa parte que depende única y exclusivamente de ti: el orgullo de defender todo lo que has peleado en tu día a día. Y es real, una verdad universal: más capacidad de sacrificio igual a más capacidad de aguantar estos golpes. Cuando te llevas el golpe el primer día tu mente automáticamente piensa en toda la preparación, en todas las charlas con los entrenadores. Y los más atrevidos incluso visualizan la prueba que soñaron, vislumbran la marca que imaginaron e imitan el gesto de alegría pactado. Y todo esto se hace en una atmósfera paralela, con la mirada perdida, entre el sollozo de rabia y el sollozo de tristeza. Y cuanto más fuerte te han golpeado, esa parte que solo depende de tu mente, se manifiesta. Porque entiendes que una competición son varios días y que una caída en el primero es culpa de la vida, que quiere ponerte a prueba. Quiere ver si realmente has entrenado; quiere ver si realmente eres merecedor del destino que buscas. Y a la vida le da igual cuál sea tu prueba. Irá a por ti y te hundirá en donde más rindes. Te dará la espalda cuando llores de rabia, pero te estará observando siempre. Valorará tu capacidad de reacción y te condenará si no te das cuenta que esto, esto del éxito, en gran parte depende de ti. Durante cuatro días la vida ha puesto a prueba a Solaeche, llamado a ser uno de los grandes del deporte nacional. Y con él pienso en tres matices que creo claves en competición:

1) Orgullo: cuando focalizas bien el orgullo propio en competición eres tan indestructible que hay connotaciones, como el dolor, que tú mismo haces desaparecer por instantes.
2) Que si aprecias lo que hiciste no abandonas durante la competición. Aprietas los dientes, porque además de por ti mismo, hay gente que en silencio te observa.
3) El ruido que hagas en la competición va a ser directamente proporcional a las veces que la vida te golpee durante la competición y tú contestes.

Lo que Edu Solaeche ha hecho sobrepasa los límites de la adversidad. Remar sin brazos, pedalear sin piernas y pensar, únicamente, con cada latido de esfuerzo que esbozaba su corazón. El primer día, por enfermedad, adiós al 200 libre (donde había opciones de relevo para el Mundial). El segundo día dolores por doquier y un digno 100 braza. El tercer día renuncia al 50 braza porque guardar fuerza y oxígeno es vital para encarar el último día de competición. Sí, el último día competición. Ese en el que te juegas el trabajo diario desde Septiembre. La vida hace que te juegues todo en minutos. La inexorable ley del deporte vuelve a ponerte en la situación más difícil. Y llega el último día, los 200 estilos. Miras el crono y te ves a décimas de un Mundial. Parece que el mundo se viene abajo. Incluso hasta el que está pegado a la televisión siente un vacío terrible. Pero acto seguido, el espectador medio, sabe que el deportista ha ganado a la adversidad. Sabe que el deportista ha hecho lo indecible por no dejar la estela que él mismo dibuja en su día a día. Sabe que el deportista se ha hecho más maduro. Incluso, por momentos, sabe que ese deportista al que hoy ha visto golpear la placa con rabia, mañana le verá en lo más alto del pódium. Hoy ganó el deportista, porque huyó de las excusas, porque tentó al destino, porque halló su camino a los Juegos Olímpicos.

Jorge Bados

2 Responses to Cuando la adversidad casi gana al nadador

  1. MiguelSwim dice:

    Increíble texto, el vello erizado. La natación es un deporte durísimo y hay que ser muy fuerte mentalmente para soportarlo, habla un nadador a seis centésimas de la mínima que busca (la nacional). Ánimo a Edu y ánimo a todos los que persigáis vuestro sueño. No os rindáis nunca.
    Lo guardo para leerlo. Si alguien quiere también un poquito de lectura motivacional, con especial enfoque a la natación, os invito a mi blog (por supuesto gratuíto) http://www.anotherswimmer.blogspot.com

     
  2. asafix dice:

    Gran artículo Gonzalo!!! Hay que leerlo!!!

     

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